La casa necesitaba una limpieza a fondo. Se subió a la escalera y despejó los altillos, retiró las alfombras, vació la nevera, arregló los cajones, ordenó los estantes. Espulgó entre los papeles viejos y rompió las revistas guarras. Por último, se deshizo de los libros no leídos, de los trastos olvidados en el balcón y la ropa que estaba fuera de temporada.
Al caer la tarde, después de sacar la basura, repasó la casa entera de un vistazo rápido. En el cajón donde guardaba los amigos no quedaba nadie, pero olía como nunca a limpio.
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