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27.2.14

LIBROS CON BUEN HUMOR: JOHN FANTE



Hay autores y libros con tal sentido del humor y tan inteligente, que si te los llevas a la cama es mejor elegir entre reír o dormir. Pienso por ejemplo en John Fante, Julian Barnes, P.G. Wodehouse, Ian McEwan...
 Fragmento de Llenos de vida, de John Fante:

-El niño, ¿cómo está el bambino?
-Faltan unas semanas.
-¿Y la señorita Joyce? -La adoraba. No se atrevía a llamarla simplemente por su nombre de pila.
-Está bien.
-¿Lo tiene hacia arriba? -Se tocó el pecho-. ¿O hacia abajo? -La mano bajó al vientre.
-Alto, hacia arriba.
-Estupendo. Eso quiere decir que es un niño.
-Pues no sé.
-¿Qué es eso de que no sabes?
-Que nadie puede estar seguro de esas cosas.
-Se puede, si se hacen las cosas bien. -Frunció el ceño y me miró a los ojos-. ¿Has comido huevos, tal como te dije?
-No me gustan los huevos.
Suspiró y movió la cabeza.
-¿Recuerdas lo que te dije? Come muchos huevos. Tres, cuatro cada día. Si no, será chica. -hizo una mueca y añadió-: ¿Quieres una chica?
-Preferiría un chico, pero habrá que aceptar lo que venga.
Aquello lo dejó preocupado. Se puso a pasear, pisando las hojas caídas de la higuera.
-Èsa no es forma de hablar. No indica nada bueno.
-Pero, papá...
Giró sobre sus talones.
-No me vengas con peros. ¡No me vengas con papás! Os lo dije, os lo dije a todos: a JIm, a Tony, a ti. Os dije: huevos. Muchos huevos. Y míralos. Jim, dos años de casado y nada. Tony, casado hace tres años y nada. Y tú. ¿Qué tienes tú? Nada. -Dios unos pasos hacia mí. Se acercó tanto que me quemó la cara con su aliento vinoso-. ¿Recuerdas lo que te dije de las ostras? Ahora ganas dinero. Puedes permitírtelas.
Recordaba una postal con letra de mi madre recibimos Joyce y yo mientras pasábamos la luna de miel en el lago Tahoe. La postal decía que yo comiera ostras dos veces a la semana, para aumentar la fertilidad y las probabilidades de engendrar un varón. Pero no había seguido el consejo porque no me gustaban las otras. No sentía ninguna animosidad personal contra ellas, era simplemente que no me gustaba su sabor.
-No me entusiasman las otras, papá.
Casi le dio un ataque. Se dejó caer en el columpio, con la cabeza abatida y la boca abierta. Se secó la frente. Los gatos despertaron bostezando y enseñando la espigada y sonrosada lengua.
-¡María Santísima! Entonces aquí acaba la estirpe de los Fante.
-Creo que es un chico, papá.
-¡Crees!
Me maldijo con una sarta de sonoros vocablos italianos. Escupió a mis pies, se burló de mi traje de gabardina y de mis zapatos náuticos. Sacó del bolsillo de la camisa una colilla de puro barato y se la incrustó entre los dientes. La encendió y arrojó la cerilla.
-¡Crees! ¿Quién te manda a ti creer? Te lo dije: ostras. Huevos. Yo ya había pasado por eso. Te hablaba la voz de la experiencia. ¿Qué has estado comiendo? ¿Caramelos, helados? ¡Escritor! ¡Bah! Hueles peor que una alcantarilla. 

25.2.14

MIRAR AL AGUA (fragmento), de Javier Sáez de Ibarra





Como hace el águila no es no moverse, sino ir con ellos desde arriba, surcar con la cabeza alta y el cabello despeinado de la brisa. Ir con ellos, no detenerse, no estorbar, esto es, fluir. Y digo he de fluir, he de obedecer, he de ser uno más, sí, uno cualquiera, el hombre desconocido, eso es, el personaje al comienzo de una película del que el espectador no sabe aún nada, pero enseguida va a tener una historia que contar, ¿no? Naturalmente, descubriremos algo interesante sobre él, de él, en él, por él, algo así. El hombre que parecía anodino de pronto se descubre protagonista, inteligente, valeroso, original, inverosímil, altivo, enamorado. ¡Yo podría ser! Ese personaje en la película, después de que alguien me mira y me descubra. Una verdadera águila, un sol, una pequeña estrella, un zafiro, un amoroso ente de ficción que se quedará en el recuerdo.

18.2.14

CURSO "TARDES DE RELATO"


El 6 de marzo inicio del curso TARDES DE RELATO, un intensivo de iniciación a la escritura de relatos cortos que impartiré en cinco sesiones semanales de dos horas, los jueves de 18.30 a 20.30 h. Precio del curso: 35 euros.



14.2.14

ARQUITECTURAS



     Las olas se aproximan furtivamente, se desbocan hasta el centro de la cala, le desbaratan las torres del castillo y reculan arrastrando consigo almenas de palos de helado, portones de concha, mástiles de hojas secas. Él, con las rodillas medio enterradas en la arena y la cabeza gacha, cierra los puños y aprieta los labios. ¡Joder!, se le escapa, algo que oye a su alrededor a menudo. Quería ser arquitecto. Allí delante, entre ríos de cristal naranjas, azules, esmeraldas se distinguen todavía restos de otra fortaleza anterior, también arrasada por el agua. Solo unos centinelas de piedra se mantienen en su puesto, haciendo equilibrios frente al batir obsesivo de la marea. Él se muerde los labios, engancha con los dientes una piel reseca y tira hasta que se la arranca. Pasa y repasa la punta de la lengua sobre la carne agrietada. Escuece. Desde siempre ha querido ser arquitecto. Las rodillas le duelen de tanto tiempo en el suelo. Así que apoya las manos y de un salto se pone en pie, levantando sin querer una nube de arena que tumba los últimos muros de la ciudadela todavía en alto. ¡Quién puede ser arquitecto así! Observa el montón de arena, entorna los ojos y con el pie desnudo le lanza una patada, salta sobre él, lo da de puntapiés, lo pisotea. Cuando apenas queda ningún rastro, el agua asalta de nuevo y se lo bebe de un trago. Cientos de sombras escurridizas coletean en ella y la acompañan en su retirada. Él corre tras ellas, el agua estalla en carcajadas bajo sus pies descalzos, corre, sigue corriendo hasta que el mar le lava la arena de las rodillas y, mientras, recuerda una vez más que de niño quería ser arquitecto. Hoy coloca bombas en grandes almacenes. Con los niños, no se juega.




2.2.14

A DUELO



Como guerreros
que elevando sus trompetas al cielo
rompen las barreras del aliento 
y despiertan 
a los monstruos impenitentes, 
a las voces del ávido escalofrío
feroces de duelo, dementes,
evocación de batallas pretéritas 
en palabras ciegas
que acuden, siempre, para desvestir el presente.
No hay calma
para los guerreros.