Datos personales

29.11.11




Cambia lo superficial

Cambia también lo profundo

Cambia el modo de pensar

Cambia todo en este mundo



Cambia el clima con los años

Cambia el pastor su rebaño

Y así como todo cambia

Que yo cambie no es extraño



Cambia el más fino brillante

De mano en mano su brillo

Cambia el nido el pajarillo

Cambia el sentir un amante




Cambia el rumbo el caminante

Aunque esto le cause daño

Y así como todo cambia

Que yo cambie no es extraño



Cambia todo cambia...



Cambia el sol en su carrera

Cuando la noche subsiste

Cambia la planta y se viste

De verde en la primavera



Cambia el pelaje la fiera

Cambia el cabello el anciano

Y así como todo cambia

Que yo cambie no es extraño



Pero no cambia mi amor

Por más lejos que me encuentre

Ni el recuerdo ni el dolor

De mi pueblo y de mi gente




Lo que cambió ayer

Tendrá que cambiar mañana

Así como cambio yo

En esta tierra lejana



Cambia todo cambia...



Todo cambia, de Julio Numhauser




28.11.11





Ramón: ElPaís.com, 28-11-2011.



24.11.11





La nariz épica del maestro Brecht frente al teatro Berliner Ensemble.



23.11.11



... esa clase de artistas que miran, se fijan en la gente, pero sólo para escribir o pintar sobre ella. En el fondo, las personas les importan bien poco: las necesitan para crear, pero a veces ni siquiera acaban de estar seguros de que existan de verdad, les sostiene el quijotesco propósito de "combatir la realidad con la ficción" y creen por ejemplo más en la madre de Hamlet que en la locutora de los informativos.


Enrique Vila Matas, ElPaís.com, 19-11-2011.



22.11.11




La vida sin lactosa. Podría ser un lamento o una celebración o un mensaje en clave, o bien el adiós de un suicida o un spot publicitario, o acaso el título de un libro, de una película o de unas memorias si usamos lactosa como nombre propio femenino o como topónimo. Sin embargo, la del principio no es más que una simple e inocente frase elíptica.



21.11.11




La buena noticia del día: MARCOS GIRALT TORRENTE ha ganado el Premio Nacional de Narrativa con "Tiempo de vida": un relato valiente, honesto y valga la redundancia de finísima sutileza de un tiempo de vida, el de su padre, con un título a la manera del "time of life" de los ingleses, cronológico (más que enfático o simbólico), como el autor me comentaría una Noche de los Libros en una conocida librería de Madrid, cuando aún faltaba un tiempo de dos meses para su publicación y durante una conversación que no he olvidado.



19.11.11



Eros-Tánatos, sujeto-objeto, Ying-Yang, Dr. Jekyll-Mr. Hyde.
Me sublevo contra la dualidad imprevisible y descompensada.



18.11.11





Junto al Duero, buscando.



17.11.11




A lo largo de estos años, al menos una vez y en la mayoría de los casos incontables veces:




  1. He quitado y vuelto a poner dos filas de azulejos de la cocina.



  2. Le he cambiado la cerradura a una puerta blindada.


  3. He arreglado la toma de teléfono.


  4. He metido/sacado dobladillos y cosido costuras.


  5. He hecho declaraciones de la renta a parientes y no parientes.


  6. He preparado croquetas, empanadillas, cocido madrileño, estofado de carne, paella...


  7. He cogido rulos y luego peinado.


  8. He comprado y vendido acciones.


  9. He puesto una denuncia en comisaría.


  10. He participado en una representación teatral.


  11. He cuidado un enfermo.


  12. He escrito relatos.


  13. He publicado.


  14. He dado clase.


  15. He comentado textos literarios.


  16. He resuelto expedientes administrativos.


  17. He conducido un coche.


  18. He dirigido una reclamación al ayuntamiento.


  19. He montado un mueble de Ikea.


  20. ...

  21. Son algunos de mis activos para los bancos de tiempo que espero pronto se extenderán.




    16.11.11






    La noche hoy fuera de casa será así, como un pulmón hiperventilado. Dentro de ella, tal vez, el desagüe de la ducha se atascará, olerá a pan tostado para la cena y la línea telefónica AL FIN funcionará.



    15.11.11





    La isla de los muertos, Arnold Böcklin. Alte Nationalgalerie, Berlín.



    14.11.11




    Singing in the blue light.



    13.11.11








    12.11.11



    Ruido y furia estomacal. Poesía del momento.



    11.11.11



    Aunque hoy no llueva, me siento limpia.


    10.11.11




    El sueño duró apenas cinco minutos. Cuando el capitán nos escuchó hablar preguntó si éramos cubanos. Un rato después, nos informaban que debíamos bajar a tierra “el paseo en barco está prohibido para los nacionales en todas las marinas del país”... Mi marido desempolvó su francés y le contó al grupo de europeos lo que estaba ocurriendo. Se miraron extrañados, cuchichearon entre ellos. Ninguno desembarcó –en solidaridad con los excluidos- de aquel tour por las costas de nuestra Isla; a ninguno le resultó intolerable disfrutar de algo que a los nativos nos está vedado.


    Yoani Sánchez, en Generación Y: http://www.desdecuba.com/generaciony/



    9.11.11



    Había un enano que al pasar a nuestro lado nos bisbiseaba obscenidades y sonreía como un sátiro. Luego, el enano desapareció un día tan impreciso como el pasado.


    8.11.11






    Orillas del Spree



    7.11.11




    Debería estar bailando descalza sobre un suelo de esteras; pero estoy aquí, comiendo castañas.



    6.11.11




    No se puede vivir sin aceptar la farsa de la vida.


    En La gata sobre el tejado de zinc



    5.11.11




    Del arte de mojarse para coger peces.



    4.11.11



    Anoche recordé que el primer programa que vi, cuando la tele en color llegó a nuestra casa, fue aquel de los payasos de la tele. Coincidía siempre el programa con los momentos del pan con chorizo de Pamplona o con chopped o, de cuando en cuando, Nocilla o unas onzas de chocolate, los cuales siguieron siendo de color pimentón, rosado, marrón el día en que la tele en color llegó a casa. No así los payasos de la tele, que de pronto volvieron sus grises serenos en rojos vibrantes. Quién iba a imaginar que los payasos de la tele no resultarían ser lo que habían parecido hasta entonces. Lo peor era que se parecían mucho a los de antes, casi idénticos pero, ¡humm!, no eran ellos. Sus rojos, por supuesto, eran bonitos; como fuego, sí, pero fuego frío al que le llevaría aún algún tiempo empastar con el pimentón del chorizo, el rosado del chopped, el marrón de la Nocilla, porque estos vivían desde siempre con nosotros y, en cambio, aquellos payasos de la tele acababan de llegar a casa.




    3.11.11































    Pico Urbión y Playa Pita


    2.11.11




    El aire se ha vuelto otoño y no hay mosquitos en el salón.



    1.11.11




    Del arte de cruzar puentes y estar siempre en la misma orilla.