No me queda más
remedio que defender la causa perdida del cuarto Rey mago que, un adelantado a
su tiempo, ya por entonces empezó a decir NO a los NOES. Por el camino se
paraba a dar SÍES a todo y todos cuantos se le cruzaban, mientras sus tres
colegas continuaban camino tras la estrella sin detenerse. Él, claro, perdió la
estrella de vista, se salió de la ruta y no llegó nunca a adorar al niño. Nadie
ha vuelto a hablar de él, nadie le conoce, nadie le espera, por lo que aprovechando
su anonimato el cuarto Rey mago ha terminado haciéndose constructor y
vendiendo parcelas de mundo en excelentes calidades, y en primera línea de la
irrealidad.
