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29.4.11

(...) de los experimentos (incluso de los fallidos) nos beneficiamos todos. En primer lugar, sirven como banco de pruebas donde no sólo un movimiento literario sino la literatura misma nos demuestran sus posibilidades, y no importa que los resultados sean imperfectos, exigentes o marcianos. Por otro lado los experimentos son indicadores de que la literatura está en permanente evolución y de que no nos limitamos a repetir modelos del pasado.
Jon Bilbao, El País Edición Impresa 28-4-2011
26.4.11
25.4.11
1) Personas a las que aprecias.
2) Personas con las que estás obligado a tratar.
3) Personas a las que detestas.
Para cada una de estas ocasiones, "preparar, respectivamente, una comida excelente, otra banal o no preparar nada, ya que en el último caso uno comprará algo ya cocinado". Esta distinción es provechosa. Es probable que parezca tacaño y moralista enjuiciar de antemano cuánto aprecias a tus invitados; pero ¿hay algo más desalentador que cocinar bien para un pelmazo que no lo agradece?
20.4.11
Extraño también el sentimiento de duración
a la vista de algunas pequeñas cosas,
cuanto más insignificantes más conmovedoras:
aquella cuchara
que me ha acompañado en todas las mudanzas,
aquella toalla
que ha estado colgada en los más diversos cuartos de baño,
la tetera y la silla de enea,
arrumbadas años y años en el sótano
o guardadas en alguna parte
y ahora, al fin, otra vez en su sitio,
ciertamente un sitio distinto de aquel que les corresponde desde siempre,
pero sin embargo en el suyo.
Y al fin:
feliz aquel que tiene sus lugares de duración;
ya no será, aunque se haya trasladado para siempre a un país extraño,
sin perspectivas de volver a su mundo,
nadie a quien han expulsado de su patria.
Poema a la duración (fragmento), de Peter Handke
15.4.11
9.4.11
El arte es el indicio o la evidencia de una metamorfosis, de un tránsito entre lo familiar y lo completamente inesperado
A. Muñoz Molina, El País-Babelia, 2-4-2011

Que tire la primera piedra quien no transite todo el tiempo entre lo familiar y lo inesperado
Tú, yo, él y nuestros plurales no somos sino mero arte.

