Como guerreros
que elevando sus trompetas al cielo
rompen las barreras del aliento
y despiertan
a los monstruos impenitentes,
a las voces del ávido escalofrío
feroces de duelo, dementes,
evocación de batallas pretéritas
en palabras ciegas
que acuden, siempre, para desvestir el presente.
No hay calma
para los guerreros.
