Leo en el blog de Rafael Álvarez El Brujo una frase
que venimos oyendo mucho: "Necesitamos reinventarnos". ¿Pero qué significa
reinventar y, por extensión,
reinventarse? Dice el diccionario, volver a inventar. Es curioso, porque inventar figura como sinónimo de crear, y el significado de ambos: hallar
o producir algo nuevo. Uno creería que, de la misma forma, reinventar y recrear deberían
ser también conceptos sinónimos y, sin embargo, paradójicamente no lo son. Recrear no tiene el significado de
volver a crear —es decir, volver a producir algo nuevo— sino el de imitar o
reproducir un modelo.
Creo que ahí está el quid de que nos sintamos
estancados en tantos y tantos aspectos: en que aplicamos el concepto de recrear en lugar del de reinventar. Y así es imposible
evolucionar, pasar página. Recreamos una y otra vez los mismos modelos. El
mismo perro con distinto collar. ¿Por qué? Tal vez porque nos centramos únicamente
en cambiar las formas, la apariencia de las cosas, los formatos, los diseños, pero
no la esencia. Para esto último es necesario mucho más que hacer retoques o maquillar;
hay que cambiar el meollo, cambiar pautas.
Cambiar la esencia de algo supone que ese algo deje
de ser lo que era para ser algo nuevo. Eso solo se consigue con motivaciones
nuevas, cambiando el chip. ¡Ya,
claro, pero estamos tan desmotivados! Pues no, no es verdad, lo que estamos es
recelosos, cautelosos, y por qué no decirlo: remolones, elevado a la enésima
potencia. Primero, ¡levántate y anda! Luego, deja de morirte de miedo y
arriesga, excava más abajo del sótano, vuela más allá del tejado, camina más
allá del horizonte. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Algo terrible: que halles
algo nuevo. A ti, reinventado. Tu apariencia exterior podrá seguir siendo la misma
de antes —o no—, pero tú serás nuevo. Eso de que uno es como es y no puede
cambiar es una pamema. Uno puede elegir vivir como una seta apegado a lo mismo y
repitiendo los mismos esquemas toda la vida o reinventarse a lo largo de ella tantas
veces como se le antoje.