
(...) de los experimentos (incluso de los fallidos) nos beneficiamos todos. En primer lugar, sirven como banco de pruebas donde no sólo un movimiento literario sino la literatura misma nos demuestran sus posibilidades, y no importa que los resultados sean imperfectos, exigentes o marcianos. Por otro lado los experimentos son indicadores de que la literatura está en permanente evolución y de que no nos limitamos a repetir modelos del pasado.
Jon Bilbao, El País Edición Impresa 28-4-2011