Reflejos, lunas contadas en el cristal del parabrisas. Pocos kilómetros antes, fin de una cena para cuatro en un rincón incierto del mundo que, de vuelta a casa, le obliga a mantener la dirección del Lancia en una interminable curva a la derecha, casi idéntica a la parábola que el culo de ella describe por las noches sobre las sábanas.